Tuesday, September 24, 2019

El amor no triunfará jamás.

Era la mujer Barbuda de un circo muerto que andaba de pueblo en pueblo como una fiebre, como un mal. Poco había para los hombres aquellos días, hasta la esperanza era algo que mendigar.
Ella trepaba la rama más alta, del árbol más alto, de la montaña más alta, llevaba con ella un espejo para su barba contemplar.
Y desde lo más alto, al mundo observaba, la carpa del circo a lo lejos, y en su amor pensaba :un payaso viejo y errante, con una lágrima pintada de negro justo debajo del ojo izquierdo, y una boca negra y carnosa como la de un camello.

Por las noches cuando la función terminaba, raíces de lavanda hervia para dormir profundo y tranquila, tapones de cera en sus oídos ponía.
Los recuerdos la atormentaban, hija del lanzacuchillos, hombre de pocas palabras .
Un día abandonó el circo y de él no se supo más nada, sólo dejo las marcas de sus cuchillos en la madera gastada, y un vacío en la mujer Barbuda que por las noches, de su corazón se adueñaba.
El payaso viejo errante saludaba desde el pueblo al destello que provocaba el sol en el espejo, desde lo más alto ella no lo veía, era demasiado pequeño, sin embargo él la sentía, vibrando en el viento que las hojas traían.

Ella clavaba los pelos de sus bigotes como agujas en sus yemas, y solo deseaba ser el trapo de piso del dueño del circo. Ser la basura que se apila en el corazón de tal despiadado hombre. La hembra que recibe el golpe, como un pollo en el mercado que patalea al ser decapitado. Patadas de orgasmos, cachetadas, besos, mordidas y abrazos. Sentada en una rama soñaba despierta, mientras el atardecer la aturdia con el canto de grillos y sapos.
¿ Puede el goce más que el placer, la ausencia y el instinto ?

-Si, se respondió a si misma, y saco unas tijeras oxidadas de una bolsa de cuero, donde  ni siquiera la luz de la luna en su filo se reflejaba.

Como una lluvia entre las flores y los escorpiones, se llevo el viento madejas de pelos entrelazadas, la nada misma, la belleza destrozada.
El vacío de la palabra deseo.
La identidad gastada .

Friday, September 6, 2019

En la ruta del asteroide.

La mujer del otro lado de la vía me beso en la estación,
contra esas vallas de metal y cemento que detienen el paso de los distraídos,
y los pensamientos de los suicidas.
Me beso contra el mundo,
contra el llamado del deseo, contra los trenes que pasaban cargados de gente.
Contra todos los pronósticos.
Con la boca llena de saliva fresca como agua de manantial,
y los ojos encendidos de miedo.
Me agarro del cuello,
de la solapa del saco,
me ahorcó con mi propio pañuelo perfumado,
me pregunto de que planeta venía,
la mujer del otro lado de la vía me besaba
y la gente que pasaba caminando se enamoraba,
y hasta el sol alumbraba más.
Me reí.
Me fui.
Señale hacia arriba, hacia abajo y hacia ambos costados,
le dije que sabía donde encontrarme,
ella también reía mientras el planeta flotaba en medio de la nada.
Y me fui de su lado de la vía,
hasta donde llega mi imaginación.