Alguien susurra con lastima
su nombre,
y las sombras se ordenan obedientes,
en fila,
esperando una caricia de validación .
Traga el veneno,
duerme profundo el miedo.
Dopamina
cortisol
tecnología
sexo.
Se nombra libre,
y en esa intensidad baila descalza
sobre los sentimientos ajenos.
Un hogar prendido fuego,
una pregunta sin respuesta,
un Dios narcisista y melancólico
que se ahoga en el agua tibia,
del deseo.
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