Esta detrás de mis muelas,
debajo de mis uñas,
y en el perfume que de mi brota.
Quemando mis ojos,
es el polen que viaja en el viento.
En mis oídos aturdidos de sus espasmos.
En la parte más áspera de mi lengua.
Balanceandose,
esta,
en mi proyección negra contra las baldosas.
En el fondo de una taza de leche,
dónde encuentro sus huesos.
En una cucharada caliente de sopa,
su sabor.
Y se queda a vivir en mi,
como un secreto que acaba de ser confesado.
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