Prender fuego al mundo
a Dios.
Incendiar los bosques,
que ardan los campos
y desde el cielo ver las brasas brillar,
Rojas
amarillas
naranjas.
Una tropa de caballos blancos en llamas,
galopando en el oscuro camino
(cómo en la pesadilla de un ciego )
Que se derrita el plástico
y los polos en deshielo.
La lluvia,
una cuestion de suerte,
seremos consumidos como objetos,
desde el principio,
al final del beso.
Hasta que todo sea cenizas,
y el viento envuelva
con un manto de olvido,
a este mal,
del deseo.
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