Ofrecer el cuerpo,
cómo quien reparte fósforos en la lluvia .
Dejando migajas en colchones húmedos,
creyendo que el calor es un refugio
también en el infierno .
No alcanza con humillarse,
si la dignidad es un tesoro
que vuelve ricos a los muertos.
En el último segundo de silencio
dónde el ruido no abraza,
( ni alcanza )
quedaran rastros de maquillaje
entre las grietas
de un yo
artificial.
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