Tuesday, September 20, 2016

Piedra

Ahí en el barrio donde aprendí a cantar había un tipo que se había enamorado de una piedra. La adoraba. Era una piedra color bordo, más bien tirando al color del vino tinto. El tipo la llevaba siempre en la mano o en el bolsillo, no era más grande que una manzana . Le hablaba a la piedra y sobre su cuerpo desnudo se la frotaba. Soñaba el hombre que un día esa piedra hablara, pero de todas maneras, algo en ella le fascinaba, un encanto divino, un silencio parecido a la nada. Excitado reía cuando el orgasmo llegaba, poderoso como un rayo que nace en el alma.

Su familia creía que se había vuelto loco, al principio lo tomaron con gracia, después de todo era una piedra simpática . Pero con el correr de los días, algo extraño en esa verdad hallaban. No era broma, eso que aquel tipo de la piedra bordó afirmaba, defendiendo este amor a capa y espada. Ojala todos los hombres del mundo encuentren a su amada, no importa quien sea, si canta o baila, o si como mi muda piedra de brillos y latidos mi alma disfraza, repetia tan dulcemente que provocaba agria envidia en quien lo escuchara.

No se sabe de donde la saco, ni quien se la dio, nadie se atrevió a preguntar ni una cosa ni la otra. Los libros médicos nada decian de este tipo de amor, de este fetichismo absurdo, de esa sensación que la ciencia llama locura, y el tipo de la piedra: amor.
Nadie quería sugerirle ver a un profesional, no por cobardía, sino porque no se puede ser tan cruel para quitarle la ilusión a un hombre tan  enamorado.

Y así fue que paso su vida entera , como la de cualquier hombre normal , si no fuera por esa piedra bordó que en su lecho de muerte sin querer dejo soltar.